Mundo ficciónIniciar sesión—El señor Lincoln asignó a Ricardo a mi equipo.
Judit, que estaba a punto de dar un sorbo a su café, abrió los ojos de par en par.
—¿En serio? Qué desastre. Ricardo puede convertirse en un obstáculo para tu carrera. Recuerdas lo que me hizo, ¿verdad?
—Lo recuerdo —Nerea se masajeó ambas sienes—. Pero ¿qué puedo hacer, Judit? No puedo rechazar una orden del señor Lincoln.
—Lo siento tanto por ti, Nerea. Tienes una carrera brillante, eres hermosa y talentosa. Y aun así, un hombre como Ricardo sigue persiguiéndote. Si yo estuviera en tu lugar, probablemente ya me habría rendido.
Nerea chasqueó la lengua con fastidio.
—No puedes rendirte. Después de todo lo que me costó trasladarte a mi departamento, ¿ahora vas a darte por vencida?
—¡Sí, jefa! —exclamó Judit entre risas—. Nerea, ¿no podrías contarle a todo el mundo la basura de persona que es Ricardo? Estoy agotada. Hoy ya he discutido con demasiada gente.
—Eres muy buena conmigo. Gracias por defenderme. Lo siento, pero todavía no puedo hacer lo que me pides, Judit.
—¿Por qué? —Judit frunció el ceño—. No me digas que todavía lo amas.
—No se trata de eso. El señor Lincoln nos prohibió involucrar asuntos personales, ¿recuerdas? Además, estoy trabajando en un proyecto. De hecho, hoy mismo ya me llamó la atención.
—Otra vez ese hombre —Judit puso los ojos en blanco con exasperación—. Creo que el señor Lincoln es demasiado paranoico. Todavía recuerdo que hace dos años también te llamó la atención por salir con Ricardo.
—Es comprensible. Es un hombre escéptico e impersonal. Quizás teme que sus empleados dejen de actuar profesionalmente por culpa del amor. ¿No crees?
—Eso sigue siendo paranoia. A veces el señor Lincoln también resulta intimidante. Es una lástima que su atractivo pase desapercibido por culpa de su carácter —Judit se encogió de hombros mientras hacía una mueca—. Da miedo.
Nerea esbozó una sonrisa traviesa.
—Entonces, ¿el señor Lincoln es atractivo?
—Sí —susurró Judit.
Ambas rieron en silencio para no molestar a los demás empleados. Judit se cubrió las mejillas, que se habían teñido de rojo. Poco después, un hombre apareció en el cubículo de Nerea.
Edmundo Cruz, del departamento de marketing digital. Su llegada dejó a Judit boquiabierta. Llevaba una camisa arrugada y las mangas dobladas descuidadamente hasta los codos. Nerea lo observó de arriba abajo antes de dedicarle una leve sonrisa.
—Edi, tienes unas ojeras enormes. ¿Has dormido algo siquiera? —preguntó Judit.
Nerea incluso le dio un pequeño codazo por el comentario. Sin embargo, Edi solo soltó una ligera carcajada. Luego dirigió la mirada hacia Nerea mientras se rascaba el cabello rizado.
—Felicidades, Nerea. Escuché que aprobaron tu propuesta otra vez.
—Gracias, Edi. Espero que la tuya también sea aprobada pronto.
—¿Mi propuesta? —rio suavemente. En una de sus manos sostenía una carpeta verde enrollada de manera descuidada—. Martino me pidió que la revisara otra vez. Bastante deprimente, ¿verdad?
—No te desanimes. Mi propuesta también fue revisada dos veces antes de ser aprobada.
—Increíble. ¿Tienes algún consejo para mí? Quizás así pueda alcanzar tu mismo éxito elaborando propuestas —bromeó Edi.
—Escucha lo que te diga Martino —le aconsejo ella.
—Eso ya lo hago.
Edi sostuvo la mirada de Nerea sin devolverle la sonrisa. Aquella actitud hizo que tanto Nerea como Judit se sintieran incómodas.
—Y aun así, mi propuesta sigue siendo rechazada. Ocho revisiones este mes. ¿Tienes algún otro consejo?
Nerea inhaló profundamente antes de responder.
—Eso es todo lo que hago. Tal vez podrías preguntarle directamente a Martino cuáles son los puntos débiles de tu propuesta. Eso también podría ayudarte.
—Ya lo hice. Y aun así me pidió más correcciones, Nerea.
Nerea guardó silencio. Miró a Judit y descubrió que ella también la observaba con el ceño fruncido mientras negaba levemente con la cabeza. Entonces volvió a fijarse en Edi. Parecía diferente.
Edmundo Cruz siempre había sido conocido como un hombre trabajador, perseverante y obstinado. Todos admiraban su determinación para alcanzar sus objetivos. Incluso Nerea había aprendido más de una cosa de aquella capacidad para no rendirse. Pero era la primera vez que veía desesperación y odio reflejados en sus ojos.
—Odio las injusticias, Nerea. Tú y yo llevamos siete años trabajando aquí. Durante todo este tiempo pensé que competíamos de manera justa. Seguía esforzándome para corregir mis errores, usando tus logros como motivación para superarme —Edi le dedicó una sonrisa amarga a una Nerea completamente desconcertada—. Ensuciaste tus propios méritos por una reputación vacía, Martínez.
—¿De qué demonios estás hablando, Edmundo? —siseó Nerea con la voz ligeramente temblorosa. Sus ojos color avellana comenzaban a humedecerse mientras apretaba la mandíbula para contener sus emociones.
—Mírate. Comprueba por ti misma lo repugnante que eres.
Edi metió la mano en el bolsillo de su camisa y arrojó varias fotografías sobre el escritorio de Nerea. Con una mirada cargada de desprecio, añadió:
—Tu juego ha terminado, Martínez.
Los ojos de Nerea se abrieron de golpe al ver las fotografías esparcidas frente a ella. La garganta se le cerró por un instante. Tomó aire profundamente. Con manos temblorosas, levantó una de las fotos y la observó con atención.
En ella aparecía junto a Martino. Estaban besándose, tomados de la mano, riendo mientras se abrazaban y rodeaban los hombros del otro con familiaridad.
Su mente se agitó frenéticamente. ¿Cuándo había ocurrido aquello? Jamás se habían visto fuera de la oficina.
—Nerea, ¿eres tú la de estas fotos con Martino? —susurró Judit mientras tomaba una de las imágenes—. Martino tiene esposa. ¿Te has vuelto loca como para liarte con él y comportarte así?
Nerea negó con la cabeza de inmediato.
—No. No soy yo. Créeme, Judit, jamás me he reunido con Martino fuera del trabajo.
—Di lo que quieras —Edi continuó observándola con dureza y una expresión nada amistosa—. Ahora entiendo perfectamente por qué tus propuestas siempre son aprobadas. Ya aseguraste tu posición a través de Martino, ¿verdad?
—¡Cuida tus palabras, Cruz! ¡Conseguí ese proyecto gracias a años de esfuerzo y trabajo! —replicó Nerea.
Su voz comenzó a atraer la atención de los demás empleados del departamento. Los murmullos surgieron de inmediato mientras intentaban adivinar qué estaba ocurriendo entre ellos tres. Pero Edi no prestó atención a nadie. Esbozó una sonrisa cargada de desprecio.
—Sí, tienes razón. Acostarte con Martino también requiere esfuerzo y un proceso largo, ¿no? Debe de ser agotador.
—¡Maldito! —rugió Nerea, golpeando el escritorio con el puño cerrado. No apartó ni un segundo aquella mirada mortal de él—. ¿De dónde sacaste estas fotos falsas?
—De Ricardo, tu exnovio. Con razón cancelaron tu boda. Pero ahora hay algo mucho más importante, Martínez —Edi acercó el rostro al de Nerea y sonrió con malicia—. Voy a denunciarte ante el señor Lincoln.
—Con permiso.
La voz grave de un hombre interrumpió la disputa entre Nerea y Edi.
—¿Alguien estaba llamándome?







