~ BIANCA ~
El camino hasta Montepulciano nunca pareció tan largo.
Ya había hablado con la escuela, con Conti, con la portería, con quien podía. Ahora era otra fase: salir de la oficina invisible de mi cabeza e ir al mundo real.
Paola me esperaba en la entrada de la ciudad, de pie junto al auto, como si hubiera salido corriendo sin terminar de ponerse bien el abrigo. Cuando estacioné, ella abrió la puerta antes de que yo apagara el motor.
—Bianca, Dios mío… —dijo, y su voz tenía una urgencia