—Por supuesto que lo soy, ¿no te acuerdas? Eres mi novia. Y nos vamos a casar pronto.
Las palabras de Christian resonaron en mi mente como una campana rajada. Mi corazón estaba disparado, la sangre pulsando tan fuerte en mis oídos que casi opacaba las risitas de las vendedoras a nuestro alrededor.
¿Yo, su novia? ¿En qué universo paralelo eso tenía sentido?
Mi jefa apareció a mi lado antes de que pudiera reaccionar, sonriendo como si acabara de vender la Mona Lisa.
—Zoey, ¡qué venta increíble