—Zoey, crees que soy un gigoló, pero la verdad es...
—Christian.
La voz surgió detrás de mí, cortando el aire como una hoja afilada.
Christian se paralizó en medio de la frase, cerrando la boca antes de concluir. Su expresión se cerró ligeramente, como si ya supiera exactamente quién había hablado y no estuviera para nada animado con eso.
Parpadeé, confundida, y me di la vuelta por reflejo.
La mujer que ahora nos miraba era alta, rubia y demasiado bien vestida para ser una simple cliente de