~ NICO ~
—Hasta donde sé, debería estar contigo.
No levanté la voz. No es que estuviera calmado, gritarle a Renata es como echar gasolina al fuego: mejor evitarlo cuando podía.
—No vengas con jueguitos —disparó Renata, el rostro rojo de rabia—. Sé que te la robaste.
Parpadeé confundido.
—¿De qué estás hablando?
Renata abrió la bolsa con un gesto brusco y, por un segundo, pensé que iba a sacar el celular para filmarme y hacerse la víctima de algo que todavía no entendía.
Pero lo que sacó f