Capítulo 333
La sala de estar de la mansión se había transformado en el corazón de nuestra reunión familiar. Todos estábamos esparcidos por los sofás cómodos y butacas de cuero, con Ginger circulando entre nosotros como una pequeña embajadora peluda, recolectando cariño de cada persona antes de pasar a la siguiente. La brisa suave del valle de Uco entraba por las ventanas abiertas, trayendo el aroma de las parras y el sonido distante de grillos, creando una atmósfera perfecta para conversaciones que se exten