Antes de que cualquiera de nosotros pudiera moverse para atender el timbre, Tori pasó corriendo por la cocina gritando alegremente:
—¡Yo atiendo! ¡Refuerzos familiares!
Nate y yo intercambiamos miradas confundidas, pero el sonido de voces familiares y risas viniendo de la entrada pronto aclaró el misterio. Pocos minutos después, Oliver y Sarah aparecieron en la cocina, llevando sonrisas radiantes y una caja de pizza que claramente había sobrevivido a un largo viaje.
—¡Sorpresa! —Oliver anunció, colocando las cajas sobre el mostrador—. Trajimos pizza fría de alcachofa con limón siciliano, cortesía del viaje de tres horas desde Bath.
Sarah rio, acomodando un mechón de cabello que había escapado de su cola de caballo.
—Disculpen el estado de la pizza. Pensamos que sería buena idea traer la favorita de Nate, pero no contábamos con el tráfico de Londres.
—¿Cómo ustedes...? —comencé, pero Tori apareció detrás de ellos con una expresión ligeramente culpable.
—Yo les llamé —admitió, jug