Me desperté sin saber exactamente qué hora era, solo con la sensación de que el sueño me había abandonado completamente. La casa estaba inmersa en un silencio profundo, roto apenas por el sonido distante del tráfico nocturno de Londres filtrando por las ventanas. A mi lado, Nate dormía tranquilamente, el rostro relajado en una expresión de paz que rara vez veía en él durante el día.
Me deslicé cuidadosamente fuera de la cama, intentando no despertarlo. La camisa de él, que había tomado del piso