Francesca Montero. El nombre que Christian había pronunciado esa noche durante la tormenta, como una cicatriz que aún dolía al tacto. La mujer que lo había traicionado de la peor manera posible. Y ahora, estaba ahí, su mano extendida hacia mí, una sonrisa calculada en los labios perfectos.
—Es un placer conocerla —respondí, estrechando su mano con más firmeza de la que pretendía—. Zoey Aguilar.
—Zoey —repitió, como si saboreara mi nombre, probándolo—. Qué nombre... único. Christian siempre tuv