Todavía estaba ajustando el cierre del vestido cuando escuché a Christian quejarse desde la cama, su voz cargada de frustración y algo que reconocí como celos mal disimulados.
—Es patético —dijo él, y pude sentir el peso de su mirada en mi espalda—. Ver a mi esposa arreglándose para una cita con el exprometido mientras yo apenas puedo salir de la cama.
Puse los ojos en blanco, verificando el escote en el espejo por tercera vez. El vestido era elegante —un azul marino que realzaba mis ojos— per