—Comida primero —dije, alejándome con fuerza de voluntad que no sabía que poseía—. Diversión después.
Sonrió, esa sonrisa traviesa que siempre me hacía olvidar mi propio nombre.
—Está bien. Pero solo porque realmente estoy hambriento. Y no solo de ti.
Me di vuelta para terminar los platos, pero sentí sus manos en mi cintura nuevamente. Intenté concentrarme en el risotto, pero era imposible ignorar el calor que irradiaba de su cuerpo o la forma en que sus dedos trazaban pequeños círculos en mi