Ariadna seguía de pie junto a la ventana, observando el jardín vacío, cuando el sonido de la cerradura la hizo girar bruscamente. Pensó que sería su madre con la cena, pero la figura que cruzó el umbral era un hombre joven, de hombros anchos y una sonrisa que pretendía ser cálida, pero que a ella le produjo un escalofrío inmediato.
Era Miles.
Él caminó hacia ella con pasos seguros, acortando la distancia con una familiaridad que Ariadna sintió como una invasión. Tenía el cabello castaño claro p