Milena desvió la mirada. Intentó cambiar el tema de la conversación como si la pregunta de él no hubiera quedado suspendida en el aire entre los dos. Álvaro entrecerró los ojos aún más desconfiado.
— Papá… — empezó, respirando hondo. — No hay nada pasando. De verdad. El doctor Marcelo solo me está ayudando.
No hubo una justificación larga. Ninguna explicación detallada. Solo eso.
Álvaro sostuvo la mirada de ella unos segundos. Vio allí a la misma hija de siempre, dulce, pero orgullosa, in