Milena llegó al hospital ya al final de la tarde. El cielo empezaba a oscurecer cuando cruzó la entrada principal, los pasos más lentos de lo habitual. El cansancio no estaba solo en el cuerpo. Era algo más profundo, atrapado en el pecho, difícil de organizar.
Subió hasta el piso del padre en silencio. Saludó a una enfermera en el pasillo con un asentimiento discreto y se detuvo un segundo frente a la puerta de la habitación antes de entrar. Respiró hondo, como si necesitara dejar algo afuera