El aire en el Valle del Café olía a tierra mojada y a futuro. Donde antes había solo un galpón semiabandonado en los límites de la finca de los Rivera, ahora se alzaba la «Escuela Agrícola Raíz Nueva». Su estructura era sencilla, de madera y ladrillo visto, con grandes ventanales y un tejado cubierto de paneles solares. En su interior, una veintena de jóvenes de bajos recursos, hijos de jornaleros y pequeños agricultores, atendían a la primera clase práctica de Miguel, quien había retrasado su