Día siete. 1:00 AM. Apartamento de Valeria.
Valeria no tomó un taxi, caminó, cuarenta bloques bajo la luna helada de Manhattan, necesitaba el castigo físico de la caminata para neutralizar el shock del beso de Javier en su frente, se sentía marcada, no por el afecto, sino por la irrevocabilidad de la traición que ese gesto representaba.
Al llegar a su apartamento, se despojó del vestido de punto que había usado como cebo, lo arrojó a la basura, todo lo que había tocado a Javier tenía que ser er