La reunión virtual con la junta había dejado un sabor amargo en el aire.
Lia subió a su habitación sin decir una palabra más. Cerró la puerta con llave y se dejó caer en la cama, mirando el techo. Las imágenes que habían mostrado en la pantalla seguían grabadas en su mente: ella y Alejandro a punto de besarse en el auto, la foto de ella recibiendo los mensajes anónimos. Todo parecía demasiado real… y demasiado peligroso.
Abajo, en su despacho, Alejandro caminaba de un lado a otro como un león e