La tarde se alargó en la villa como una sombra que se negaba a retirarse. El sol ya había bajado lo suficiente para teñir el lago de tonos cobre y oro, pero dentro de la casa la atmósfera seguía cargada de electricidad. Luca y su equipo trabajaban sin pausa en la caseta del muelle, extrayendo datos del teléfono encriptado de Marco Rossi mientras dos hombres lo custodiaban. El ex militar, ahora esposado y visiblemente nervioso, respondía a las preguntas con monosílabos, sudando a pesar del frío