De tanto llorar me he quedado dormida todas las noches, no he querido que Javier se acerque a mí por nada del mundo. Ha mandado a todos sus perros fieles a traerme cosas, pero con la misma se las regreso, que se convenza de una vez que no puede comprarme con nada.
—Señor, lamento decirle que la señora Mariam no ha querido aceptar de nuevo la bolsa que le ha mandado de regalo esta mañana.
—Entiendo, déjenla por ahí. ¿Dónde se encuentra ahora?
—En el jardín, se está ocupando de las flores como to