VIII- La Virgen del Mafioso.
Fabrizio tenía solo un día para poder drenar toda su ira. Se permitía sentir brevemente la ausencia de su hermana menor. Todo el mundo en la mansión desaparecía y le daban espacio para que llorara. Aunque su gente sabía que no lo haría así estuviese solo.
Él estaba en su oficina a puertas cerradas ahogándose en alcohol. Lo más loco, es que Fabrizio por más que bebiera hasta acabar con la última botella, jamás, se emborracharía. Hasta para eso se sentía inútil.
Había encendido la televisión por