—Oh, Delia… ¿Estarás bien después de ayudarme con esta locura? —Mónica tomó sus manos.
Ambas estaban en la sala. David no le permitía salir de la mansión y era constantemente vigilada por los demás sirvientes.
—Shh —Le susurró la mayor, viendo en todas direcciones—. Usted sabe que hay oídos por todos lados. Hable más bajo.
No eran las únicas en la sala, otras sirvientas de David hacían la limpieza diaria en todo el salón, dejándolo impecable y escuchando la conversación que tenían las dos am