Mónica se había arreglado para ir a comprar el vestido, Lisandra quedó en acompañarla a la tienda dónde había comprado el suyo en el pasado.
—¿Por qué no puedo ir? —preguntó Rafael, arrugando los labios.
Se estaba despidiendo de su mujer en la entrada de la mansión. Elsa también quiso ir, pero Victoria no la dejó, así que tuvo que quedarse a cuidarla.
—Dicen que es de mala suerte que el novio vea el vestido de la novia antes de la boda —respondió la rubia, con una risita.
—Pienso que solo es