Mónica había llegado a su trabajo, faltaba muy poco para la boda y Rafael quería que fuera una sorpresa para ella.
—Hola, Lisandra…
—¡Mónica! —La recepcionista salió del mostrador con tal de abrazar a su amiga—. Ay, Dios. Supe que te secuestraron y que tu ex marido te agredió. ¿Cómo estás?
Mónica parpadeó.
—¿Quién te lo dijo?
—El jefe, por supuesto. Ya me preocupaba no verte desde hace más de una semana —murmuró, apenada—. Menos mal que lograron meter presos a los secuestradores y eso…
—A