Camilo había llegado al despacho de Rafael en la mansión, aprovechando que él estaba disponible ese día.
Había conseguido a un vital aliado, uno que jamás creyó que obtendría. De hecho, quería hablar con Rafael sobre eso.
Tocó.
—¡Pasa!
Abrió la puerta y vio que su jefe estaba solo, revisando varios documentos sobre el escritorio.
—¿Recibiste mi mensaje?
—He estado ocupado hoy, no he podido ni revisar el celular —resopló, cansado—. ¿Es muy importante lo que tienes para decir?
—No sabes cuá