Una melodía sutil acompañaba el pacífico ambiente del restaurante. Mónica estaba nerviosa porque cada vez que veía a Rafael, notaba que él tenía sus ojos clavados en ella.
Carraspeó.
—Y bien. ¿Cuál es el plan? —preguntó.
Él movió el tenedor sobre la poca pasta que le quedaba. El queso derretido le daba ese toque especial.
—Verás, David y yo éramos muy buenos amigos —empezó.
—¿Amigos? —Frunció el ceño.
Mónica recordaba que David siempre hablaba mal de Rafael, precisamente porque se llevaba