POV ANDREW
Los días se convirtieron en una neblina gris de cafeína, pantallas de ordenador y un silencio sepulcral en mi oficina. Habían pasado dos semanas desde la noche del hotel, catorce días desde que Karina Wilson decidió usar mi cuerpo y mi alma como combustible para su propia venganza. Y dolió. Dolió más que la paliza que el accidente que dejó en silla de ruedas, porque esta vez, la fractura no estaba en mi columna, sino en la esencia misma de quién era yo.
Me convertí en una máquina.