POV KARINA
2 años después.
El aire de Nueva York se sentía pesado, cargado de esa humedad gris que siempre parecía preceder a las tragedias en esta ciudad. Pero hoy, para nosotros, solo era un trámite de respeto. La mansión Thorne, esa estructura de mármol que una vez me pareció una fortaleza inexpugnable, lucía hoy como un mausoleo descuidado. Silas Thorne había fallecido, y con él, se iba el último vestigio de la vieja guardia que intentó destruirnos.
Andrew y yo bajamos del coche blindado