Hasta el fin del mundo.
POV KARINA
La luz de la Toscana entraba a raudales por los ventanales de nuestra cocina, una estancia cálida que olía a café recién hecho y a pan tostado. Era mi momento favorito del día. Leo, sentado en su trona, era un torbellino de energía. Tenía las mejillas manchadas de mermelada de albaricoque y soltaba carcajadas agudas mientras intentaba atrapar una cuchara de plástico con sus manos regordetas.
—¡Leo, vas a terminar pintando las paredes con esa mermelada! —reí, limpiándole la barbill