Pov Karina
El silencio en mansión en Manhattan era un espeso silencio, un frío amargo que se enroscaba en mis pulmones. Después de la gala, después de haberlo defendido como una loba frente a su propia sangre, lo único que recibí fue un muro de hielo. Andrew estaba allí, sentado en su silla frente al ventanal, una silueta oscura contra las luces de la ciudad que juró conquistar.
Me ardía el pecho. No era solo rabia; era la humillación de haberme expuesto, de haber dejado que mi corazón se asomara por la rendija de un beso en la mejilla frente a Alison. Ella tenía razón en algo: yo era una intrusa en este mundo. Pero él era el verdadero problema.
—¿Vas a quedarte ahí mirando el vacío toda la noche, Andrew? —mi voz salió más firme de lo que esperaba, cargada de una determinación que me quemaba por dentro.
Él no se movió.
—No tengo nada que decirte, Karina. Ve a dormir.
—No —di un paso hacia él, mis tacones resonando en el suelo como disparos—. No voy a irme a dormir como una niña r