POV KARINA
El sonido de la sirena de la ambulancia era un grito constante que perforaba mis oídos, pero nada dolía tanto como el sonido de la respiración entrecortada de Andrew a mi lado. Estaba tumbado en la camilla, con el rostro pálido y gotas de sudor frío recorriéndole la frente. Cada vez que el vehículo tomaba una curva o golpeaba un bache, un gemido sordo escapaba de sus labios apretados, y yo sentía que me arrancaban un pedazo de piel.
—Ya casi llegamos, Andrew. Por favor, aguanta —susurré, intentando tomar su mano, pero la enfermera me apartó suavemente para ajustar el suero.
Tenía el vestido rasgado, el sabor rancio de Ciro todavía impregnado en mi boca y los brazos marcados por las cuerdas, pero no sentía nada de eso. Mi cuerpo era una cáscara vacía; toda mi existencia estaba concentrada en el hombre que se retorcía de dolor frente a mí. Verlo así, tan vulnerable, tan destrozado físicamente por haber intentado rescatarme, era una carga que me aplastaba el pecho. Recordé