Lara sintió una suave ráfaga de viento, y el sonido de la puerta al cerrarse. Los pasos acompasados de Waylon en sus característicos zapados de marca la hicieron girar la vista con temor.
Seguramente él estaba lo suficientemente molesto como para disolver el contrato. ¿Qué iba a hacer ahora?
Se irguió pegando la espalda a la pared y encogiendo las piernas mientras se abrazaba a sí misma. El empresario se inclinó hasta su nivel.
— ¿Estás mejor? — Su voz era suave y aterciopelada.
Ella apenas asi