A Waylon lo despertaron los golpes en la puerta.
¡Toc, toc, toc!
El hombre abrió los ojos todavía adormilado, y escuchó de nuevo los sonidos insistentes.
¡Toc, toc, toc!
— ¡Qué carajos!
Se enderezó, dejando caer al suelo la manta que lo cubría cuando vio el movimiento de las sombras bajo la puerta.
— ¡Waylon! ¿Ya estás despierto? —La voz de Walter estaba del otro lado.
El heredero explayó los ojos al sentirse prácticamente atrapado en su farsa.
— ¿Waylon? Si no abres tú, ¡Lo haré yo!
El hombre