— ¡Allá! — El niño señaló con su dedito hacia la mujer que se acercaba con rapidez hasta ellos.
— Perdone usted, señora Santa Cruz, pero es que se me escapó.
— Tranquila, llévalo contigo y no le quites el ojo de encima, ¿Vale? — y mirando al niño — Pórtate bien, Walter Teodoro, esta reunión es importante, ¡O le diré a Alece que no te lleve más dulces! — Le dijo con dulzura, pero con firmeza.
— Mami, no le digas a Alice que me va a regañar por correr por ahí… — Haciendo un puchero que a Waylon l