Cuando despertó, el sol le daba de lleno en la cara. Abrió los ojos lentamente, mientras la sangre le martilleaba en los oídos como un tambor a su propio ritmo acelerado y disparejo. Sentía como si la cabeza se le fuera a abrir en dos, como si le tamborilearan fuertemente sobre las cienes, y la luz le taladraba la vista.
Se enfocó en controlar su respiración y tardó un poco en divisar lo que había a su alrededor. Algo no estaba bien, no reconocía la habitación por completo, ¿O sí? Ese color perl