POV: Mariana
Antes de confirmar lo que mis sentidos estaban diciéndome, varias preguntas se frustraron en mi mente.
¿Siempre era así de silencioso? ¿Siempre le gustaba observar antes de que alguien lo note?
Giré la cabeza. Allí estaba él, apoyado contra la entrada, totalmente diferente a mis fantasías: en pijama y con el mismo vaso vacío entre las manos.
—¿No puedes dormir? —preguntó. Su voz era grave. Ligeramente ronca… irresistible.
Negué con la cabeza.
—¿Usted?
—Tampoco.
Silencio.
Sus pasos lo acercaron hasta el mesón de mármol, donde dejó su vaso. No me miró. Pero estaba cerca. Lo suficiente como para sentir su calor.
—No sé cómo se hace esto —confesó, de pronto—. Ser padre. Tener a alguien aquí. Vivir con otro ser humano que no espera nada de mí.
Lo miré. Sus ojos ya no eran fríos. Tampoco vulnerables. Estaban… abiertos.
—Yo no espero nada —respondí—. Solo estoy intentando no equivocarme.
Se rió. Su sonrisa era breve. Tensa. Pero real.
—Eso ya es más de lo que otros han hecho.
Y