Capítulo 37: Ecos En La Nieve

No supe en que momento terminó el beso, porque la electricidad seguía ahí, zumbando en el aire, erizándome la piel. Su sabor en mi boca y su peso anclándome a la tierra, supe que habíamos cruzado una línea de la que no se regresa. Ya no había jefe ni empleada, solo había un hombre roto y la mujer que estaba dispuesta a cortarse con sus pedazos para volver a armarlo.

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