POV: Narradora Omnipresente
Elías, que ya estaba al límite de sus fuerzas, se puso de pie lentamente, sintiendo que la paciencia que le quedaba se evaporaba. Sus ojos oscuros tenían un brillo peligroso, un rastro de la furia contenida por la llamada de Valentina.
—Sal de mi oficina, Mauricio —dijo Elías, su voz era un susurro que cortaba como el cristal.
—¡No me voy a ninguna parte! —Mauricio golpeó el escritorio con la palma de la mano—. ¿Has perdido la cabeza? Venderle a los suizos sin consul