POV: Narradora Omnipresente
El silencio que siguió al estruendo fue, paradójicamente, lo más ruidoso que Elías había escuchado en toda su vida. Era un silencio cargado de metal retorcido, de cristales pulverizados y de una verdad que acababa de estrellarse a doscientos kilómetros por hora, era un silencio tan denso que parecía tener masa física, una presión sorda que le zumbaba en los oídos.
Elías, de pie tras su escritorio de caoba en el piso presidencial de la Torre Anchorena, permanecía con