CAPITULO 3

—Tu sal de aquí. —Le exige a Elizabeth.

Elizabeth se apresuró a abandonar la habitación, sintiendo una punzada de decepción por no poder presenciar el chisme completo. La idea de que su jefe fuera a ser padre le revolvía el estómago; no podía evitar sentir una profunda lástima por un bebé que aún no nacía y ya tenía a un hombre como él como guía.

En el pasillo, Alondra la esperaba con unos apuntes que consideraba esenciales para sobrevivir al temperamento de Jonathan. Elizabeth, agotada por la tensión, no pudo evitar desahogarse: —¿Cómo lo aguantas? Yo ya quiero irme a casa.

Alondra la miró con empatía. Elizabeth le agradaba; tenía una chispa de autenticidad que faltaba en las asistentes anteriores. En un arranque de confianza, decidió revelarle el origen de la armadura de su jefe. Le contó sobre Addison Miller, la asistente que cinco años atrás le robó el corazón para después pisotearlo. Addison no solo buscaba su fortuna, sino que terminó abandonándolo tras interrumpir el embarazo del hijo que ambos esperaban. Aquella traición había transformado a Jonathan en el hombre de hielo que Elizabeth conocía ahora.

De pronto, la puerta se abrió de par en par. Valery salió de la oficina entre sollozos y maldiciones dirigidas a Jonathan. Alondra, al verla, reaccionó con una severidad que demostraba que la rubia no era bienvenida en la empresa. —Señorita Valery, no debería estar aquí —le advirtió—. Por favor salga, no me haga llamar a seguridad.

—Ya me voy —dice entre sollozos.

—Debo entrar, tengo que darle estos documentos para que lo firme.

—Aquí tiene estos documentos, señor. —digo.

—Dejame en paz.

—Tome café, lo necesita porque tiene un humor que ni usted se debe aguantar.

—Eres una insolente, estas despedida. Vete ahora.

—Me voy, pero no porque usted me corra, sino porque yo quiero irme, pero no me iré antes de decirle que es usted una persona horrible, maleducada, grosera. Cree que por tener dinero es superior a los demás. Déjame decirte que el dinero no lo es todo en la vida; hay personas que tenemos dignidad. No me imagino cómo harás para educar a ese bebé que viene en camino; pobre bebé, será igual de insoportable que tú. —Tomó aire para seguir diciéndole lo que piensa

—Ahora me voy porque no tengo por qué seguir aguantando a un hombre como usted. Mi ex jefe, que en paz descanse, era un amor de persona; usted es el peor jefe.

Se da la vuelta y sale de la oficina. se siente bien por decirle lo que piensa de Lucifer; no le importaba quedarse sin trabajo, prefiere vender periódicos en los semáforos que seguir aguantando a este hombre.

Caminó hacia el elevador, pero en cuanto las puertas se abrieron, se encontró con la figura enérgica de Victoria.

—Hola, Elizabeth ¿Cómo va tu día? —preguntó Victoria con una sonrisa que ignoraba el incendio que acababa de ocurrir

— Espero que bien, porque saldrás de viaje con mi hermano ahora mismo. Hay asuntos urgentes con unos accionistas y te necesitará.

—Es que yo…— intentó explicar Elizabeth, aún procesando que acababa de renunciar.

Victoria no le dio espacio para las excusas. La tomó del brazo y comenzó a arrastrarla de vuelta hacia la oficina de Jonathan.

—Vamos, tengo que hablar con mi hermano para que salgan ya para el aeropuerto. De camino puedes pasar a tu casa a hacer la maleta, ya le informé al chofer.

Entraron de nuevo a la oficina de Jonathan, quien levantó la vista sorprendido por la irrupción.

—Jack, tenemos un problema con unos accionistas... —comenzó Victoria, mientras Elizabeth se veía atrapada, una vez más, en la órbita del hombre al que acababa de insultar.

—Jack tenemos un problema con unos accionistas en Owensboro es necesario que viajes ahora mismo, ya estoy arreglando todo para que el jet esté listo.

—Está bien, si es necesario que vaya iré.

—Lo harás con Elizabeth, la necesitarás.

Lucifer mira a Elizabeth, después mira a su hermana.

Elizabeth no podía creerlo; hacía tres minutos estaba despedida y ahora se preparaba para un viaje de negocios. 

—Ve Elizabeth, toma en cuenta que el clima es soleado, para que lleves ropa adecuada, si no mi hermano te llevara a comprar.

—Si, iré a hacer mi maleta, con permiso.Antes de salir, notó con secreta satisfacción que Jonathan bebía el café que ella había preparado sin hacer muecas de desagrado.

Ya en su departamento, Elizabeth empacó rápidamente vestidos elegantes para el clima soleado de Kentucky. Mientras buscaba qué ponerse, el timbre comenzó a sonar frenéticamente. Jonathan estaba afuera, impaciente.

—¿No me has escuchado? —le reclamó él, molesto por la espera. —Si, las más de diez veces que tocaste. —¿Y por qué carajos no me abriste? 

—Porque no quise. ¿Tienes algún problema con eso?

llevare ropa para tres días no creo que sean más.  Antes de salir, notó con secreta satisfacción que Jonathan bebía el café que ella había preparado sin hacer muecas de desagrado.

—¿No me has escuchado? —me pregunta.

—Si la más de diez veces que tocaste.

—¿Y por qué carajos no me abriste?

—Por qué no quise ¿Tienes algún problema con eso?

Elizabeth no esperó respuestas bajó las escaleras cargando su maleta, seguida por un Jonathan silencioso. Al llegar al auto, notó que los mismos guardaespaldas que habían apostado contra ella se reían en voz baja. Sin dudarlo, los confronta a los tres, advirtiéndoles que no permitiría malos tratos durante el viaje y exigiendo respeto, especialmente de su jefe,

—Eres una controladora —Lucifer decide hablar.

—Si lo soy y soy la mejor controladora y ustedes —los señala a los tres. 

—No van a robarme la paz en este viaje, les advierto que no voy a dejar que me traten mal, así que les agradecería que, desde este momento, me pidan las cosas por favor y sean amables conmigo, tu principalmente, sé que eres mi jefe, pero no te veré como uno hasta que me respetes.

Subió al coche y la tensión se trasladó al interior del vehículo. Jonathan, tras echar al chofer para conducir él mismo, le advirtió que no volviera a hablarle así, recordando su posición de empleada.

—No me vuelvas a hablar de esa manera. Eres mi empleada.

—Si soy tu empleada, pero eso no significa que tienes que hablarme como lo haces, si no te gusta cómo te hablo deja de hablarme tu así.

—¿Quién crees que eres?

—Soy Elizabeth Dowen ¿Necesitas que te lo repita?

Jonathan frenó en seco, casi haciendo que ella se golpeara contra el tablero. Le recordó que solo seguía allí por un favor a su hermana y la acusó de ser una payasa.

—Si no te despedí es por que mi hermana me lo pidió como un favor a si mas vale que no me hagas enfadar más, no has hecho otra cosa que ser una…

—¿Una qué? Alguien que no se deja de tus malos tratos, por eso tus asistentes se van. Ahora las entiendo debe ser horrible aguantar a un hombre como tú.

—¿No sabes mantener la boca cerrada?

—No, llegue tarde ese día 

—Aparte payasa.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App