Al llegar a la planta baja, la escena no pasó desapercibida. Neto y Jeremías, los dos guardaespaldas, estaban de pie junto a la salida. Al ver a su jefe bajando las escaleras con la Pequeña Fiera en brazos y en fachas de dormir, no pudieron evitar que una chispa de diversión brillará en sus ojos. Intercambiaron una mirada rápida, aguantando la risa ante el espectáculo de Elizabeth derrotada.
Jonathan se detuvo frente a ellos, pero no la bajó. Su expresión era gélida, la de un hombre que no olvi