Marcel no podía ver a los ojos a Evanora, no después de todo lo que había pasado por su cabeza, lo único que era cierto es que se había enamorado como un adolescente, de su despistada cuñada, la ansiedad por tenerla a su lado, por esperar a que todo esto se aclarase y tenerla solo para él, le carcomía las entrañas.
—Ya lo saben —susurró Evanora.
Cerrando los puños con rabia, puesto que estaba frente a los hombres que le hicieron tanto daño a su hermana. Y las dos mujeres que la hicieron senti