Dulce engaño que me devuelve a la vida
Gabriel
Hago todo lo que puedo por no explotar, pero las dos personas delante de mí me lo hacen cada vez más imposible. «Respira, son tus amigos y solo se preocupan por ti», me repito una y otra vez en mi mente, sin embargo, ese mantra está por perder su poder y yo mi paciencia. Tomo una respiración profundo para luego exhalar por la boca, la sangre mi hierve y puedo sentir como las venas de mis sienes palpitan. Es absurdo que ellos pretendan juzgar una re