Capítulo 13: Eterno castigo.
Desde la calma de su cómodo apartamento, se hallaba el guapísimo francés Pierre Pinott, tomando con delicadeza una copa de vino, con la amena compañía de Mónica DiNozzo. Se le acerca, acaricia su cuello y musita:
—¿En qué piensas querido?
—En tantas cosas, que no me caben en la cabeza—la mira con melancólica—¿Mónica cásate conmigo? —le dice sin tapujos.
—Sabes que no puede ser, mis hijos no lo aprobarían en especial Erick.
—¡Erick! Lo conocí recientemente, es un joven muy arrogante, muy pare