Ante la indiferencia de Alexander, Brandon no se dio por vencido. Más importante aún, la casa de Alexander era cálida y reconfortante. El cuerpo de Brandon se recuperó de la descarga eléctrica y por fin pudo volver a moverse, así que se levantó del suelo y fue a sentarse en el sofá.
Alexander lo fulminó con la mirada, pero a Brandon no le importó, ya que su trasero quedó firmemente pegado al sofá. “Vamos, no me mires así. Me has echado de tu coche y me has electrocutado en el mismo día, pero no