—Te ves preciosa — le dijo mirándola a los ojos.
—Tú también te ves muy guapo — contestó y las mejillas se le llenaron de rubor.
Tomados de la mano comenzaron a caminar por la plaza, a Connie le sudaban las manos, nunca antes había sentido esa sensación.
Gabriel se sintió como un adolescente, un adolescente al cual la chica más bonita del colegio le había dado la oportunidad de tener una cita.
—¿Me vas a contar cómo es que terminaste en la calle? — se atrevió a preguntar.
Gabriel no se veía mal