—¡Mamita no te vayas! ¡No me dejes! — gritaba la niña estirando las manos hacia Connie que se aferraba a la camilla.
—¿Usted es la madre? — preguntó el paramédico — Suba a la ambulancia para que vaya con ella.
Connie miró a Gabriel que estaba a punto de subir para ir al lado de su hija.
—Ve con ella, por favor te lo pido— suplicó el padre a la mujer que hacía unos minutos sintió odiar por haberse atrevido a acercarse a su hija.
Sin pensarlo un segundo Connie subió a la ambulancia, de ninguna