CAPÍTULO 75: LA VERDAD QUE NO QUIERO OÍR
Maddison
El viento golpea mi cara con una furia que parece querer arrancarme el velo, pero no me importa. Tampoco me importa que todo el mundo me haya visto salir corriendo de mi propia boda. Estoy parada fuera de la iglesia, todavía vestida de blanco, con el corazón desbordado de miedo y rabia, y frente a mí está Jonathan Kingsley, el hombre que acaba de cambiar el rumbo de todo.
—¿Qué sabe? —le espeto con la voz rota, temblando de pies a cabeza—. ¿Qué