CAPÍTULO 145: EL TESTIGO QUE FALTA
Derek
Unos días después…
No sé cuántas veces he leído la carpeta frente a mí, pero ninguna me prepara para la gravedad de lo que estoy a punto de hacer. Mi abuelo está sentado al otro lado del escritorio, con el ceño fruncido y las manos entrelazadas sobre sus rodillas. A su lado, el investigador privado revisa unas notas sin levantar la vista. El silencio pesa como plomo.
—¿Estás seguro? —pregunta Jonathan por fin.
—Tan seguro como estuve el día que firmé el