Maddison
—¿Fuiste sola a la cárcel?
Derek me lo pregunta con reproche. Su voz no suena molesta, sino tensa, como si tuviera miedo de la respuesta.
—Sí —admito en voz baja—. No te dije nada porque sabía que ibas a preocuparte, pero necesitaba hacerlo. Necesitaba hablar con ella. Intentar… que hable.
Él se pasa la mano por el rostro. No está gritando, pero cada movimiento suyo es de pura frustración.
—¿Y si te pasaba algo, Maddison? ¿Y si esa mujer te hacía daño? ¡Estás embarazada! Ya no puedes e