Maddison
Siento primero el olor a desinfectante. Luego, la sensación áspera de las sábanas de hospital contra mi piel. Parpadeo con lentitud, y la luz blanca del techo me recibe como una promesa de que sigo aquí, de que estoy viva. Todo duele, pero es un dolor sordo, lejano, como si mi cuerpo apenas estuviera recordando lo que pasó. Muevo los dedos, después las piernas, y un suspiro se me escapa.
Pero no estoy sola. Derek está ahí. Sentado a mi lado, con la cabeza inclinada sobre la cama, como